
Una delegación de Estados Unidos encabezada por el director de la Central Intelligence Agency, John Ratcliffe, sostuvo el 14 de mayo de 2026 una reunión en La Habana con altos funcionarios del gobierno cubano para transmitir un mensaje del presidente Donald Trump, en el que Washington condiciona cualquier avance bilateral a la implementación de cambios sustanciales en la isla.
El encuentro tuvo lugar en La Habana y se centró en asuntos económicos, de seguridad y cooperación institucional, en un contexto de tensiones crecientes entre ambos países y bajo la nueva etapa de endurecimiento de la política estadounidense hacia Cuba.
Según un reportaje exclusivo del medio USA TODAY, que cita fuentes dentro de la CIA, Ratcliffe viajó a la capital cubana para iniciar conversaciones directas sobre condiciones que permitirían avanzar hacia una relación más estable entre ambos gobiernos.
En la reunión participaron, por la parte cubana, el asesor presidencial Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el ministro del Interior Lázaro Álvarez Casas y el jefe de los servicios de inteligencia del Estado, según las fuentes citadas en el informe.
De acuerdo con la información divulgada, el mensaje transmitido por Washington establece que la administración republicana está dispuesta a discutir temas económicos y de seguridad, pero solo si el gobierno cubano adopta cambios estructurales, entre ellos el cese de lo que considera apoyo a actores hostiles en el hemisferio occidental.
Un funcionario citado señaló que Ratcliffe advirtió que la ventana de oportunidad para el diálogo no se mantendrá abierta de forma indefinida y que la Casa Blanca evaluará otras vías de presión si el proceso no produce resultados concretos.
En el intercambio también se hizo referencia a la operación del 3 de enero en Venezuela que resultó en el derrocamiento de Nicolás Maduro, un episodio que, según fuentes estadounidenses, fue mencionado como ejemplo de cambios políticos en la región.
La agenda incluyó además posibles vías de cooperación en materia de inteligencia y seguridad, así como preocupaciones de Estados Unidos sobre el papel de Cuba en el hemisferio occidental y su relación con actores considerados adversarios por Washington.
En ese sentido, la parte estadounidense expresó inquietud por el uso del territorio cubano como plataforma para actividades de actores que, según su criterio, promueven intereses hostiles hacia Estados Unidos en la región.
Las autoridades cubanas, por su parte, sostuvieron que la isla no representa una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos y defendieron la necesidad de ampliar la cooperación en materia de aplicación de la ley y seguridad regional.
El encuentro se produjo un día después de que el Departamento de Estado anunciara una oferta de 100 millones de dólares en ayuda humanitaria, destinada a ser canalizada a través de organizaciones religiosas y humanitarias, en medio de una crisis energética y social en la isla.
En paralelo, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla declaró que Cuba evaluaba dicha propuesta y reiteró el llamado a una desescalada de las tensiones bilaterales, mientras en La Habana se reportaban protestas por apagones prolongados que afectaron servicios básicos y la vida cotidiana.






