
A partir del verano de 2026, los billetes de 100 dólares de Estados Unidos comenzarán a llevar la firma de Donald Trump, un cambio histórico anunciado por el Departamento del Tesoro de EE.UU. como parte de las conmemoraciones del 250 aniversario de la independencia estadounidense.
Esta decisión marca la primera vez que un presidente en ejercicio firma la moneda nacional, una modificación significativa en la historia de la divisa.
El diseño de los billetes se mantendrá casi intacto, pero la firma del tesorero será sustituida por la del presidente. Esta alteración es válida bajo la legislación vigente que permite ajustes en los billetes para prevenir la falsificación. El primer billete con la firma de Trump, junto a la del secretario del Tesoro Scott Bessent, será impreso en junio de 2026, y posteriormente, otras denominaciones también se modificarán.
La eliminación de la firma del tesorero, un cargo que acompañaba la del secretario del Tesoro desde 1861, es otro aspecto relevante de esta reforma. La firma de Janet Yellen y Lynn Malerba, correspondientes a la administración de Joe Biden, seguirán circulando en otros billetes mientras se implementa esta nueva medida.
La firma de Trump en los billetes no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia más amplia para colocar su nombre e imagen en diversas instituciones y programas gubernamentales. Durante su primer mandato, Trump autorizó que su firma apareciera en millones de cheques de estímulo enviados durante la pandemia, buscando en cada caso un reconocimiento personal por sus logros en la administración.
Además, el gobierno federal aprobó la creación de una moneda conmemorativa de oro con la imagen de Trump, aunque la iniciativa de una moneda de un dólar con su rostro fue detenida por restricciones legales. El impulso de estas acciones refleja el deseo del presidente de dejar una huella más duradera en la historia estadounidense, aun cuando se cuestionen sus motivaciones.
La decisión de estampar la firma de Trump en los billetes ha generado una serie de reacciones críticas tanto en el ámbito político como económico. Gobernadores y senadores han expresado su desacuerdo, sugiriendo que, en lugar de rendir homenaje a figuras históricas, esta medida responde a un proyecto personal del presidente. Gavin Newsom, gobernador de California, ironizó sobre el impacto que los aumentos de precios tendrán sobre los ciudadanos, sugiriendo que “sabran a quién culpar” por los altos costos.
Por su parte, la senadora Jeanne Shaheen criticó la medida, argumentando que no se trata de un homenaje a la historia, sino de un acto de vanidad presidencial. Desde el ámbito económico, el economista republicano Douglas Holtz-Eakin también mostró su escepticismo, cuestionando si el cambio realmente responde al interés nacional, en una era en la que el uso del efectivo ha disminuido considerablemente.
El exdirector de la Oficina de Grabado e Impresión, Larry Felix, calificó la inclusión de la firma de Trump como “inusual” y sugirió que los billetes con esta modificación podrían convertirse en piezas de colección altamente valoradas. Sin embargo, la medida no ha estado exenta de controversia, ya que ha generado un debate sobre la relevancia de tal cambio en un momento en que los problemas económicos, como el aumento de la inflación, ocupan un lugar central en la agenda nacional.
El debate sobre esta decisión refleja las tensiones políticas actuales en Estados Unidos, donde las acciones de Trump continúan siendo un tema de discusión polarizado.






